A partir del siglo XVI el aspecto de las encuadernaciones cambia radicalmente en Europa. El desarrollo de la imprenta requería de procedimientos más rápidos y baratos para decorar las cubiertas. La rueda, un pequeño cilindro metálico en cuya superficie rodante se grababan las decoraciones, permitía infinitas variaciones.
Se podían aplicar ruedas diferentes formando orlas rectangulares, cuadradas o hexagonales y estampar motivos diversos en los espacios libres resultantes, rectángulo central y entrecalles, como florones, motivos zoomórficos, simbólicos o religiosos.
Esta encuadernación de pergamino teñido sobre cartón rígido presenta cubierta y cantos decorados con pan de oro, así como cortes decorados con pintura roja y tejuelo rotulado en dorado en el lomo.




